América de Cali

'Aquel 19': El recuerdo que en mí vivirá

Hoy, cuando se cumplen 43 años de aquella gesta maravillosa que condujo al América de Cali a su primer título profesional, nuestro Jefe de Redacción nos regala un escrito desde el corazón y el hueso rojo para mostrarnos por qué ‘La mechita’ es la pasión de un pueblo.

'Aquel 19': El recuerdo que en mí vivirá

Hoy, cuando se cumplen 43 años de aquella gesta maravillosa que condujo al América de Cali a su primer título profesional, nuestro Jefe de Redacción nos regala un escrito desde el corazón y el hueso rojo para mostrarnos por qué ‘La mechita’ es la pasión de un pueblo.

Compartir

Por Gerardo Quintero Tello - Jefe de Redacción 90 Minutos

Hay hechos en la vida de cada uno de nosotros que nunca se olvidan, sobre todo aquellos recuerdos de la niñez, felices o desafortunados que quedan como una huella indeleble en el alma de cada persona. Para aquellos que amamos el fútbol, la primera vez que fuimos a un estadio se convierte en uno de esos hitos que nunca olvidaremos. Tenía seis años y terminaba la década de los setenta cuando mi tía María Eugenia, mi Nana, mi querida Nana, decidió que era hora de presentarme el Pascual Guerrero.

Oriental segundo piso era nuestro destino y, desde esa altura, yo contemplaba por primera vez un escenario que me parecía gigantesco, como un dinosaurio que amenazaba con tragarme. Ahora que lo pienso, solo puedo comparar aquella ansiedad, esa emoción y la expectativa que sentí aquel día con los nacimientos de mis cuatro hijos, los mejores goles de mi vida, sin duda. Con el feliz arribo de cada uno de ellos, siempre advertía unas sensaciones que se repitieron: desde la alegría desbordante por el presente, hasta aquella zozobra por no saber qué nos iba a deparar el futuro, pero en suma, un único amor descomunal atrapado en no más de 55 centímetros.

Artículo relacionado

Era ‘La mecha’, el equipo rojo, el que solo había visto en las páginas deportivas del recordado periódico El Pueblo. La misma escuadra de la que eran hinchas mis abuelos (que antes habían sido seguidores del Boca caleño y que trasladaron sus amores a ese otro equipo del pueblo que eran los escarlatas), mis tíos y mi mamá, pero no mi tía Nana, que se había marchado a la vecindad de enfrente y por eso el gran valor de que ella, justamente, fuera quien me hubiese llevado al Pascual aquella tarde dominguera. 

Mi viejo había fallecido unos meses antes y mi tía, como tantas otras veces, ‘se puso la diez’ y entendió que el chiquillo que armaba partidos imaginarios en el patio de la casa había que llevarlo al estadio. Ella, que me enseñó a leer, a escribir, y que me trazó el camino para conducirme a un buen libro, también me enseñó aquella cancha que sería como mi segunda casa.

Era el equipo de Constantino en el arco, Pascuttini en la zaga, el motorcito Cervantes en el medio y el gran ‘Pinino’ Más en la delantera. Los diablos enfrentaban a Bucaramanga y si mi memorioso recuerdo no me traiciona, el juego terminó como todo en aquella época para el América, en un lánguido empate 1-1.

Sin embargo, para mí el resultado fue lo de menos. Embelesado por la enormidad de la cancha, el sol de la tarde caleña que se acostaba sobre la tribuna y la extraña complicidad que se manifestaba entre gente desconocida que se abrazaba y sonreía, comprendí esa tarde que el rito del que ahora hacía parte era más que un partido de fútbol, que aquí se sembraba la semilla de una pasión que no tendría descanso.

Puedo decir, como lo advirtió el gran escritor Premio Nobel de Literatura, Albert Camus, que “todo lo que sé de moral y obligaciones del hombre se lo debo al fútbol”. Este intelectual, que a través de las letras engrandeció el deporte de las multitudes, se fajó unas frases de esas que quedan invictas a lo largo de la historia: “Pronto aprendí que la pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga. Eso me ayudó mucho en la vida, sobre todo en las grandes ciudades, donde la gente no suele ser siempre lo que se dice derecha”.

Como no amar a ese hombre y como no amar el fútbol. A diferencia de las relaciones de pareja en la que no pocas veces resulté lesionando corazones y en otras también padecí la pierna fuerte de un amor escurridizo, el fútbol siempre fue leal. Sincero hasta en las dolorosas derrotas.

Pude disfrutar del mejor América de todos los tiempos, aquellos años ochenta, década dorada en la que poco importaba de dónde procedieran los recursos porque disfrutábamos de una gloria jamás alcanzada. La cascada de títulos nos hizo grandes y la pasión aumentaba al ritmo que llegaban aquellos ídolos como Bataglia, González Aquino, Falcioni, Gareca, Cabañas y el gran Willington Ortiz. 

Y fue el año 1979 el punto de quiebre de aquella ‘Mechita’ que todos veían con cariño, pero sin respeto porque su historia era de derrotas y sed de triunfos. Ese miércoles 19 de diciembre quedó grabado en mi memoria de infante. Una vez llegó ese pitazo final que confirmó el triunfo por 2-0 ante Unión Magdalena, nos fuimos con mi mamá y mi hermana a la Carrrera Primera a presenciar ese desfile único de automóviles, buses, banderas y camisetas rojas que jamás volví a ver posteriormente.

Artículo relacionado

También en ese momento no entendía por qué en cada casa de mi barrio tronaba un disco en las viejas radiolas que en mi ingenuidad me preguntaba cómo habían hecho para componerlo tan pronto América quedó campeón por primera vez. Pero aunque luego supe la verdad, nadie pudo quitarme la idea de que Alberto Beltrán fue un vidente que llegó del futuro para revelarnos un secreto y decirnos suavemente al oído:

“Oye, lo que quiero decirte,
fechas hay en la vida
que nunca podemos
jamás olvidar

Esa, lo sabes alma mía,
la llevaré prendida
en mi ser como ayer

Aquel 19 será el recuerdo que
en mí vivirá,
ese día que feliz, tan feliz,

Esa, lo sabes alma mía,
la llevaré prendida
en mi ser como ayer…”

Fue en ese momento que comprendí que lo de América era una pasión descomunal que iba más allá del simple cariño a un equipo de fútbol. Hoy, cuando se cumplen 43 años de aquella épica majestuosa, de aquel maremágnum que envolvió a una ciudad que deseaba el título de la mitad más uno, entiendo que aquello se convirtió en una verdadera marea roja que se tragó a una ciudad entera.

Una fiera que se devoraba el Pascual


Mi primer gran ídolo del fútbol fue el indio Jorge Ramón ‘La Fiera’ Cáceres. Después de llegar de la escuela Manuela Beltrán, mi ritual era dirigirme hacia un amarillento recorte de periódico, con la imagen de una fiera sudorosa en primer plano, que había pegado con cinta en el cuarto de mi tío Jorge, otro americano irremediable.

En 1980, ya con la primera estrella cosida en la franela escarlata, tuve uno de los domingos más felices y recordados de mi entonces corta vida. Con Lekson Maquilón, un amigo del barrio Santander, populoso fortín rojo cercano al Obrero, nos colamos en el camerino sur y mientras a él lo atrapaba la ‘guardia pretoriana’ que evitaba el contacto con los jugadores, yo logré flanquear la férrea custodia y agarré fuerte la mano del goleador, sin decirle nada, mientras él sorprendido miraba al ‘pibe’ que lo apretaba sin ganas de soltarse y que no era capaz de decirle una palabra.

La paradoja fue que tres décadas más tarde saldé una deuda personal y lo entrevisté para el noticiero en el que ahora trabajo como periodista. Pero debo confesarles algo… Como el delantero que despilfarra una segunda oportunidad debajo del arco, esta vez tampoco fui capaz de recordarle que un domingo yo había sido el niño que alguna vez lo tomó de la mano, no le dirigió la palabra, pero que conversaba imaginariamente con él contándole que en unos años sería el otro goleador de raza de los Diablos.

Por supuesto nunca pude coronar la ilusión, a pesar de los buenos augurios de todos aquellos que me veían driblar, hacer un caño, amagar por derecha y salir por izquierda o tirar un sombrero en las canchas de ‘Siete Cueros’, La Isla o la ‘Chontadurera’, allá en el barrio Popular. Era una época en la que anhelaba con hacer realidad ese ‘sueño del Pibe’, el tango que escuchaba mi abuelo Liborio Tello y que inmortalizó el gran Enrique Campos, con una interpretación que parece grabada en el mismísimo potrero.

Pero mientras el sueño de jugar en el Pascual se desvanecía con el paso de los años, la afición por los rojos no decrecía. Y es que como dice el escritor inglés Nick Hornby, “me enamoré del fútbol igual que más tarde me enamoré de las mujeres: de repente, inexplicablemente, sin crítica, sin pensar en el dolor o los trastornos que traería consigo”.

Y es que en el dolor que desgarra las entrañas y en la infinita tristeza que produce una desilusión donde es que se conoce el verdadero amor por un club. Porque al final no es en la masiva alegría donde todos nos fundimos en un abrazo que se conoce al verdadero hincha sino en la inconmensurable soledad que deja la derrota.

Jorge Luis Borges, a quien le gustaba decir que el fútbol era popular porque la estupidez era popular, tiene, sin embargo, un verso que parece hecho para todos nosotros, esos locos que amamos una divisa:

“Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente,
ya el hombre se levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido
los que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.

Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el
horror de vivir en lo sucesivo. Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles”.

El que triunfo y la amarga derrota siempre han estado presentes en el fútbol, como un Yin y un Yang. Y los fanáticos rojos somos testigos de que a pesar de los éxitos contemporáneos, una buena parte de la historia americana está fundada en la tragedia. Décadas de derrotas, hexagonales a los que no se entraba, eliminaciones ‘in extremis’, propuestas para no desaparecer, apelativos lastimeros, ‘el jugamos como nunca y perdimos como siempre’ o colectas de dinero en el propio estadio para comprar a uno de los grandes ídolos de los setenta, La Fiera Cáceres, hicieron que el hueso rojo se fortaleciera de calcio escarlata.

Artículo relacionado

Pero cuando creíamos que éramos los reyes de América sobrevino la tragedia. Fue el 31 de octubre de 1987, cuando ‘La mechita’ mordió el polvo de manera dramática, en el último segundo, en una final de Copa Libertadores inexplicable. Diego Aguirre, el alero derecho de Peñarol, el delantero más odiado por la hinchada americana, arrancó de tajo la ilusión de ser campeones del Continente.

“Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,

la resaca de todo lo sufrido

se empozara en el alma… ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras

en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.

Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas:

o los heraldos negros que nos manda la muerte.

Hay golpes en la vida, tan fuerte… ¡Yo no sé!

Todo lo que haya que decir sobre ese partido, sobre ese aciago día, simplemente está condensado en este trágico poema del vate inca César Vallejo. Y así lo recogió el escritor Umberto Valverde en una maravillosa crónica escrita con llanto que publicó en la recordada revista del América donde narra el incomprensible desenlace.

Y no sería el último sufrimiento. Luego llegó 1996 y por cuarta vez en nuestra historia, la Copa Libertadores nos fue rapada. Esta vez, como en 1986, por un viejo enemigo, el River Plate. Pero el ‘Annus horribilis’, esa expresión latina traducible como el año terrible, vendría tres lustros después, en el 2011. Fue el año del descenso y yo estaba en el estadio, con mi compadre, el periodista deportivo César Polanía.

Mientras veíamos como América transitaba hacia el verdadero infierno, el estadio parecía un ‘pandemónium’ donde reinaban la confusión, el ruido y el griterío. El estadio era como una gigantesca sala de velación, en la que en vez de color negro la gente iba vestida de rojo. No había un lugar hacia donde se fijara la mirada en el que no se viera a alguien derramando lágrimas, escondiendo el rostro, maldiciendo o denotando un trágico gesto de dolor que solo puede provenir de un corazón destrozado.

La resurrección


Y cuando ya creía que no había esperanza, la resurrección llegó de la mano de mi hija. Sí, mi hija, porque ella fue la que me devolvió la alegría por el fútbol. María Camila, mi consentida mayor, hizo todo lo que yo soñé realizar alguna vez. De buen porte, aguerrida, veloz, de tranco largo, vertical, talentosa, fuerte como un camión, con una zurda potente, Camila coronó lo que siempre anhelé.

Se puso la camiseta 15 del primer equipo profesional del América, jugó todos los partidos de aquella primera liga femenina y quedó para siempre fijada en la historia de los Diablos Rojos. Desde los tres años era quien me acompañaba a todos los torneos empresariales que disputé con el ‘dream team’ de El País, mi querida casa periodística. Cuando descubrí que era zurda natural, le ponía el balón más pesado para que fortaleciera su pierna izquierda.

Trotábamos juntos, veíamos los partidos internacionales, me acompañaba al estadio, se convirtió en mi sombra y en mi cómplice del balón. No fue extraño, entonces, que Camila poco tiempo después integrara la plantilla del equipo femenino de la Escuela Carlos Sarmiento Lora y paseara su talento por todas las canchas de futbol aficionado de Cali y del Valle del Cauca. Con la Sarmiento ganó todos los títulos imaginados, regionales y nacionales. Por eso cuando América conformó el primer equipo femenino y se fijó en la potencia de esa lateral, le dije sin dudarlo: “Es tu equipo, es tu destino, es todo lo que yo hubiera querido, amor, dale, vete de cabeza”.

La primera vez que la vi en competencia profesional fue en Palmira, jugando contra Orsomarso. El calor era agobiante y me acompañaba una sensación que conocía muy bien. Esa misma que hace que tu corazón corra más rápido que tus pensamientos, mientras sientes que cada 30 segundos resbala una gota de sudor más grande que la anterior. La paradoja es que, al mismo tiempo, tus manos de manera inexplicable están frías como si acabaras de recoger nieve y tu cabeza juega un partido aparte en el que sentencias el duelo con un gol que sale de tus botines. Sí, sé qué están pensando, esa sensación que solo la puede percibir quien está a punto de jugar el partido más importante de la vida, ya sea en la sagrada cancha de cemento del barrio, en el Pascual Guerrero o en el estadio Rivera Escobar, de Palmira. Y allí estaba yo, junto con mi otra hija Laura, el 18 de febrero del 2017, con toda esa adrenalina brotando, moviendo mis piernas y tenso, como si ya fuera a salir a ese gramado verde que invitaba a una tarde de buen fútbol.

Pero la gran diferencia era que quien jugaba el partido era mi hija y no yo. Hinchado de orgullo miraba a la tribuna que alentaba a las futbolistas y cuando se asomó ese número 15 a la gramilla fue inevitable que no pudiera contenerme más, abrazara a mi hija Laura y dejara escapar esas lágrimas que rodaban mientras intentaba unos gritos de apoyo que se desvanecían por la emoción. Y ese mismo día en que veía a mi hija vestida de escarlata, volví a regresar a mi niñez, a la primera vez que me llevó mi tía al Pascual. Pero en esta oportunidad ya no necesitaba imaginar que era ‘La Fiera’ Cáceres o el ‘Pinino’ Más, ahora era claro que yo tenía puesta la camiseta número 15 en la espalda, era zurdo natural, le pegaba a la pelota con un fierro, siempre llegaba al cruce perfecto y jugaba para mi equipo de alma…

Ahora contemplo a mis pequeños Jacobo y Matías, y entiendo que el ritual debe volver a comenzar. Como aquella vez que mi querida Nana me llevó al templo de San Fernando, esta vez soy yo el que sueña con llevar a mis hijos de la mano y presentarles la que será, también, su nueva casa. Y esta vez, otra vez, será el momento de soñar con que los hermanos Quintero se pondrán la roja y sellarán con sus goles algún campeonato rojo.

Tal vez, al final, todo sea como lo advirtió Sir Walter Scott, el escritor escocés autor del clásico Ivanhoe, que “la vida en sí misma no es más que un partido de fútbol”.

Lee más noticias

América de Cali

América vs. Nacional: Así llegan los equipos para enfrentar el 'clásico de Colombia'

Los 'escarlatas' y 'verdolagas' se medirán temprano en la Liga colombiana, donde ambos quieren sacar diferencia para afianzarse en lo alto de la tabla.

América vs. Nacional: Así llegan los equipos para enfrentar el 'clásico de Colombia'
Tomada de @Dimayor

Los 'escarlatas' y 'verdolagas' se medirán temprano en la Liga colombiana, donde ambos quieren sacar diferencia para afianzarse en lo alto de la tabla.

Compartir

La Liga Betplay 2024-II apenas está arrancando y promete ser de las más disputadas de los últimos años. América vs. Nacional están listos para el clásico de la fecha dos. Además, el juego además, servirá para el enfrentamiento de los técnicos uruguayos Pablo Repetto y Jorge Da Silva.

Únete a nuestro canal de WhatsApp

Las sorpresas se apoderaron del primer semestre y esta será una revancha de los llamados "tradicionales" o "grandes" para recuperar el trono. A falta de algunos encuentros de la fecha 01 de liga, se espera con ansias la segunda jornada del fútbol colombiano.

América vs. Nacional, un nuevo duelo por Liga

América de Cali se tendrá que medir a su clásico rival Atlético Nacional este fin semana, más específicamente el domingo 21 de julio a las 5:45 p.m. en el estadio Atanasio Girardot. Ambos equipos llegan con nuevas cartas a su disposición con la punta del torneo en disputa.

Tanto América, como Nacional ganaron sus encuentros por la fecha 01 y se encuentran empatados en la punta ocupando el primer y tercer lugar respectivamente, con una leve ventaja de Nacional con una diferencia de +2 siendo el primero.

Lea también: El 'diablo' dominó el 'nido': Así venció América a Águilas en el debut de Liga

¿Rivalidad entre los dos más grandes?

‘Verdes’ y ‘diablos rojos’ cuentan con un largo historial de encuentros disputados, sin embargo, su apogeo se remonta a la época de los 80s y 90s, cuando el partido entre los dos tomó el nombramiento del Clásico de Colombia.

Esa brecha se ha ido ampliando con el pasar de los años, los ‘verdolagas’ cosecharon más títulos en la última década, alejándose así de su clásico rival.

Ambos equipos han sido los únicos colombianos en ocupar el top 3 de mejores clubes en un año según el IFFHS: Atlético Nacional mejor club en 2016 y América de Cali segundo en 1996.

Últimos 5 encuentros entre ‘escarlatas’ y ‘verdolagas’

América de Cali 4 - 1 Atlético Nacional (28 de enero de 2024)
América de Cali 0 - 1 Atlético Nacional (30 de noviembre de 2023)
Atlético Nacional 1 - 0 América de Cali (26 de noviembre de 2023)
América de Cali 4 - 1 Atlético Nacional (23 de septiembre de 2023)
Atlético Nacional 2 - 1 América de Cali (17 de agosto de 2023)

Hasta el momento el saldo es a favor del ‘verde paisa’ con 101 encuentros ganados, mientras que los ‘diablos rojos’ se han llevado 96 y han empatado en 80 ocasiones.

Lea también: Colombia figura en el nuevo ranking Fifa, ¿En qué puesto quedó la 'tricolor'?

Las nuevas cartas, un factor determinante en el juego

‘Verdes’ y ‘rojos’ se reforzaron en este mercado de fichajes, trayendo jugadores de gran calidad en busca de hacer un gran semestre.

De los mercados más movidos del futbol colombiano, fue el del ‘verde’, con la incorporación de Edwin Cardona, Andrés Sarmiento, Kevin Viveros, Dairon Asprilla, William Tesillo, David Ospina y Alfredo Morelos, entre otros.

Equipo con el cual, han logrado crear un fondo de vestuario grande y una ilusión nueva en la afición paisa. Se espera que para este partido debute el jugador ex América Kevin Viveros.

Lea también: Las ambiciosas promesas del nuevo accionista del América ¿Cuáles son los objetivos?

Por su parte América trajo a Duván Vergara, Eder Álvarez Balanta, ‘pipe’ Gómez y Yerson Candelo, solidificando un equipo con su nuevo DT Jorge el ‘polilla’ Da Silva, que espera debutar a dos de sus grandes fichajes en este encuentro.

Se espera un verdadero clásico en el Atanasio Girardot, con un estadio a reventar y un gran espectáculo por estos dos grandes del fútbol profesional colombiano.

Artículo relacionado

Sigue nuestras redes sociales:

Lee más noticias

América de Cali

Las ambiciosas promesas del nuevo accionista del América ¿Cuáles son los objetivos?

El club 'escarlata' inicia una nueva era con una organización que le inyectará dinero con la idea de solventar deudas y apoyar en lo económico.

Las ambiciosas promesas del nuevo accionista del América ¿Cuáles son los objetivos?
Tomado de la cuenta de América de Cali en X.

El club 'escarlata' inicia una nueva era con una organización que le inyectará dinero con la idea de solventar deudas y apoyar en lo económico.

Compartir

América de Cali tiene un nuevo inversionista mayoritario. Así lo confirmó la institución ‘escarlata’ por medio de sus redes sociales, donde publicó una carta abierta hacia la opinión pública, medios de comunicación e hinchas.

Únete a nuestro canal de WhatsApp

Allí se confirmó que el Grupo Caltac es el nuevo inversionista del equipo, donde los hermanos Recine, fundadores, pasan a tomar decisiones importantes e incluso hace parte de la directiva. Asimismo, la decisión de la alianza deja como vicepresidenta a Marcela Gómez, mientras que, Carlos Recine es el nuevo presidente del club.

Justamente, la poca información sobre el Grupo Caltac ha hecho que muchas personas desconfíen de la alianza entre el club y la organización inversora. Cabe aclarar que esto comprende el fútbol de ambos equipos profesionales, masculino y femenino.

Lea además: Conmebol sanciona a la Selección Colombia por los hechos de desorden en Miami

Primeras declaraciones inversionista del América de Cali

Sin embargo, el nuevo presidente ya brindó declaraciones. En estas declara la importancia de inyectarle dinero al club para confeccionar una buena nómina:

"Son 3 refuerzos lo que necesita América, a mí el dinero no me para. Ahora lo que necesitamos es que nuestro equipo, mi equipo se pueda posicionar, que el profe 'Polilla' da Silva tenga el equipo que desea".

Comentó Carlos Recine en Zona Libre de Humo.

Además, el dirigente declaró la importancia del club para la cultura futbolística colombiana y la razón de inclinarse hacia los ‘escarlatas’:

"Escogí a América por tradición, por el nombre, por mundo, por eso lo escogí. Para comprar hice una gran investigación, de dónde viene, porqué le dicen la pasión del pueblo y ahora queremos hacer cosas grandes".

Además, otro de los temas importantes es la construcción del estadio que hace meses viene tratando de concretar el equipo. Incluso se había anunciado la intervención de una empresa española. Ahora bien, en el Supercombo del deporte de RCN, también conversó con el accionista, quien declaró que se reunirá con la firma del estadio para resolver el problema.

Igualmente, Carlos Recine se refirió a su anonimato:

“No aparezco en ningún lado porque no me gusta depender de nadie, todo lo hemos hecho a pulso, solitos”.

Finalmente, el nuevo dirigente de los ‘escarlatas’ estará en Cali el 31 de julio. Fecha en la que presuntamente se hará el anuncio oficial de la alianza y se atenderá a medios de comunicación.

Artículo relacionado

Sigue nuestras redes sociales:

Lee más noticias

América de Cali

¿Qué es el Grupo Caltac? El nuevo inversionista mayoritario del América de Cali

Las distintas plataformas del club contarán con la marca de la organización donde se incluirá estadio, camisetas y canales digitales.

¿Qué es el Grupo Caltac? El nuevo inversionista mayoritario del América de Cali
Especial para 90minutos.co

Las distintas plataformas del club contarán con la marca de la organización donde se incluirá estadio, camisetas y canales digitales.

Compartir

Hace unas pocas horas el América de Cali anunció una asociación con el Grupo Caltac. Organización que hará parte del club americano por tiempo desconocido pero que será pieza importante para la inyección de capital a la institución.

Únete a nuestro canal de WhatsApp

Lo anterior se hizo oficial por medio de un comunicado de redes sociales tipo carta, firmada por Tulio Gómez, máximo accionista del equipo. Asimismo, la decisión de la alianza también comprende a la parte directiva, dejando como vicepresidenta a Marcela Gómez, mientras que, habrá un nuevo máximo dirigente en la institución.

Lea además: Atletas vallecaucanos buscan podio en las Olimpiadas Paris 2024

¿Qué es Grupo Caltac?

En el mismo comunicado difundido por el equipo se especifica que es un proveedor líder de soluciones en hidrocarburos, construcción, turismo, alimentos, seguros, banca y finanzas.

Igualmente, José Antonio y Carlos Recine son los fundadores de procedencia ítalo-venelozana. Justamente, Carlos será el nuevo presidente del América de Cali.

De manera adicional, en internet se tiene poca información al respecto del grupo e incluso del próximo presidente de los equipos (masculino y femenino). Únicamente una cuenta de Instagram donde se suministran pocos datos sobre el nuevo directivo e incluso de la organización que será inversionista.

Cabe resaltar que, el Grupo Caltac tendría oficinas en Dubai, Brasil y República Dominicanca.

Además, según una de las publicaciones de los directivos de Grupo Caltac, las negociaciones estaban en marcha desde hace varias semanas. Aunque anunció por un post de Instagram que el negocio entre las partes ya estaba realizado desde el 15 de junio.

Asimismo, el grupo de hermanos inversionistas declararon:

"Nos sentimos honrados de unir fuerzas con América de Cali, una institución tan prestigiosa y respetada. Compartimos una profunda pasión por la excelencia y el compromiso de marcar la diferencia, y creemos que esta asociación nos permitirá lograr grandes cosas juntos".

Afirmaron los hermanos Recine.

¿Cómo participará en el equipo?

Las distintas plataformas del club contarán con la marca de la organización donde se incluirá estadio, camisetas y canales digitales. Sin embargo, por ahora no hay más información del Grupo Caltac; el cual se puede decir que es el nuevo dueño del América de Cali.

américa de cali (2)
Tomado de América de Cali.

Artículo relacionado

Sigue nuestras redes sociales: